Lenceria Sexy, mucho más que ropa interior de mujer

Pieza esencial de nuestro vestuario, la lenceria sexy gana cada día más importancia en el mundo de la moda. Las prendas de ropa íntima tiene múltiples caras, usos y finalidades. Hoy daremos un paseo por su historia para conocer cómo ha evolucionado hasta convertirse en un must have de nuestro armario.

Su poder, muchas veces subestimado, ha alcanzado cotas increíbles debido a la evolución de los diseños de lenceria sexy, que han salido de las mesillas de noche para asaltar los armarios y colarse en los outfits más cotidianos.

Pero... ¿ha sido siempre la lenceria de mujer un referente en las relaciones íntimas? ¿Cuál es el origen de muchas de las prendas de culto que hoy lucimos? Si bien las antiguas civilizaciones empezaron a utilizar la lenceria sexy para cubrir las zonas íntimas de su cuerpo, es curioso cómo en sus inicios las prendas eran poseía unas reducidas dimensiones (apenas unas tiras de tejido) para luego ir creciendo hasta cubrir casi todo el cuerpo (cuando muchos pensaban que era pecado mostrarlo), y cómo hoy la lenceria sexy ha ido aligerando tejido -solo hay que ver las tangas brasileñas- hasta lucirse sin pudor. Ligueros que asoman sutilmente, sujetadores que se vislumbran por el escote o transparencias tras las que se adivinan conjuntos lenceros esperando su minuto de gloria han pasado a formar parte de nuestra cultura.

Con todo, el auténtico triunfo de la lenceria sexy llegó con su salto al exterior, un fenómeno social recientemente que proclama su uso sobre camisas o incluso como prenda única de calle, como sucede con los corsés, por ejemplo. Pero sigamos revelando algunos de sus secretos...

Un paseo por la historia de la lenceria sexy

El origen de la lenceria sexy o la ropa interior de mujer nos traslada hasta la cultura grecolatina después de que Homero nos describiera la moda íntima esgrimida para la seducción por Afrodita o por Hera para reconquistar a Zeus.

También en la época de los grandes faraones parece que tanto hombres como mujeres lucían prendas de ropa interior de forma habitual, tal y como demuestra que el propio Tutankamón fuera enterrado con la lenceria masculina propia de la época.

Las siguientes referencias las encontramos en la época romana, con el apodesmo (para cubrir los pechos), el subligar o subligaculum (unas braguitas), la subucula (camisón) o la fascia pectoralis (banda utilizada a modo de cinturón).

Sin embargo, la lenceria sexy más parecida a como hoy la concebimos la encontramos en el Renacimiento, siglos XV y XVII, cuando apareció un corset fabricado en hierro, y bautizado con el sobrenombre de "corset jaula", que más adelante sería sustituido por una entretela endurecida y atravesada por varillas verticales realizadas con huesos de ballenas. De ahí que en la actualidad estas varillas sigan conociéndose como "ballenas" y a la estructura completa como emballenado.

El corsé femenino fue evolucionando hacia un escote más redondeado y se ajustaba más a la silueta en aras de crear cinturitas de avispa, de unos 30 cm.

En esta época muchas mujeres morían asfixiadas "a manos" de la lenceria sexy más peligrosa, esa que se ajustaba tanto al cuerpo como una segunda piel, aunque sin su flexibilidad, hasta cortar la respiración e incluso a fracturar costillas. La moda del "reloj de arena" cobró más fuerza aún en el siglo XVIII, donde se buscaba resaltar al máximo el busto y las caderas con la lencería íntima, un deseo que se mantiene hasta hoy.

Con la llegada del siglo XX hizo su puesta en escena la enagua y, tras ella, el brasier (también conocido como sujetador o corsé) que aterrizó para revolucionar los tocadores y liberar las cinturas femeninas con una lencería más sexy y cómoda. El push-up y el wonderbra fueron dos pasos más hacia el apogeo de la sensualidad.

En directa relación con estas prendas de lencería evolucionó la braga y el calzoncillo, cuyo origen más remoto lo hallamos en el archifamoso "taparrabos", cuya tela cubría a modo de faldita las zonas más sensibles de ambos géneros.

Las braguitas son el formato más convencional de esta lenceria sexy propia de la mujer, y en cuyos extremos encontramos el tanga o la tanga (brasileña), que muestra las nalgas, y el culotte, que podría considerarse el alter ego del boxer masculino. En línea con este último hallamos el calzoncillo, una versión para hombres de la braguita que puede llegar a ser tan sexy como ella, y el tanga masculino, para los más atrevidos.

Lenceria Sexy, un toque irresistible de sensualidad femenina

El siglo XX es el momento en que la lenceria sexy se afianza entre las mujeres, aunque haya habido décadas muy conservadoras entre los años 30' y 50', donde solo algunos iconos como Marilyn Monroe marcaron tendencia.

Por contra, con la llegada de los 60' el sector femenino quiso liberarse tanto para beber de los ideales hippies que se rompió con el sujetador y las flores empezaron a invadir los tejidos de las braguitas. La moda íntima volvió a situarse en la cresta de la ola en los 80' gracias a iconos sexuales como Madonna, quien apostó fuerte por una moda hoy generalizada: enseñar la lenceria sexy.

Hoy tenemos muchas actrices que hacen del posado en lenceria sexy todo un arte, como demuestra en Katie Perry, Megan Fox, Sofía Vergara, Jennifer Love Hewitt o Scarlett Johansson. Con encajes y sofisticada, sin tabúes... por y para una mujer que ha ganado confianza con las décadas y que sabe que ser femenina no está reñido con la defensa de sus derechos. Así llegamos hasta el famoso wonderbra, que marcaría un hito en los 90' al esculpir el pecho sin necesidad de utilizar corsés.

Desde este momento el uso de lenceria fina nunca ha vuelto a ser desbancado por ningún movimiento. Cambian las tendencias, los colores, los tejidos o el modelo de temporada, pero la moda íntima se afianza cada año, con catálogos inagotables de sugerencias para sacarse partido por dentro y por fuera.

Desde hace unos años el corsé se ha sumado, además, a la familia de los corpiños y tops como un miembro más, invitado de excepción cuando la ocasión lo requiere en fiestas y grandes eventos al más puro estilo de Hollywood, o bien con unos leggins o jeans, tanto como pieza única como sobre una camisa. Las posibilidades son infinitas.

En definitiva, la creatividad le ha ganado al final el pulso al pudor femenino y desde entonces el único límite en la lenceria lo encontramos en la imaginación de cada uno, una idea que tienen muy clara diseñadores como Georgio Armani o Jean-Paul Gaultier.

A lo largo de su historia, la lenceria sexy ha sido muy importante para ambos sexos, pero hemos de reconocer que, quizá por coquetería o por una cultura tradicionalmente más afín a la moda, las mujeres siempre han contado con mucha más variedad, tanto en moda íntima como en vestidos sexys, donde las firmas diseñan incluso modelos y patrones específicos en función de la forma corporal.

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